Aunque se tardó, por fin llegó la temporada de frío y es momento de sacar nuestros mejores trucos para contraatacarlo:

Recuerdo que mi abuelo solía tomar café caliente en la temporada más cálida del año, argumentando que es la manera en la que el cuerpo se aclimata. Entonces hace un par de años, bajo ese principio, pensé que podría ser buena idea aplicar el mismo truco en la temporada de frío, es decir, tomar algo helado como un flotante de vainilla o cereza, o un banana split de Roxy. Podría ser predisposición o falsa creencia, pero al menos a mí me funciona.


Consumir alimentos de fuego, es decir, esos que te ayudan a generar energía como el jengibre, la canela, el chile y el ajo (de antemano discúlpate con tus kissers). Lo que sucede con éstos es que se envían señales al sistema nervioso como si el cuerpo estuviera caliente, lo que provoca como resultado que comiences a sudar. 


Podrías intentar programar tu mente. Una vez en un campamento a mi corta edad de 15 años, había un chato desviviéndose por convencernos a mis amigos y a mi de que el frío es psicológico. Siempre nos burlamos de él, hasta hoy sigue siendo referencia de cualquier comentario nerd, sin embargo ahora podría darle un poquito de crédito.




Haz ejercicio, practica un deporte. Sal a bailar, al Jacalito por ejemplo (recordé mi fin de semana), es el mejor lugar para olvidarte del frío… y de todo.  


Dicen que si tus antepasados vivieron en climas sumamente fríos entonces serás más propenso a aguantar las heladas. Así que podemos deducir que todos tenemos una resistencia al frío distinta, es algo genético, sin embargo todos necesitamos un buen suéter de lana, un abrigo «salvador» básico, LA súper bufanda y unos guantes y gorrito monos.



Tengo la fortuna de ser hija del líder del cartel de los dandys, también por eso tengo maestría en hacer nudos de corbatas y colocar pañuelos en los sacos de los caballeros, cosa que en mi trabajo hago muy seguido, y aunque me he topado con actores que pretenden darme cátedra, siempre termino dándoles el avión, porque no saben quien es mi papá (mientras lo escribo, levanto la ceja derecha).

Últimamente me he dado cuenta que es muy común que algunos hombres utilicen camisa casual de botones en el cuello con corbata, y a mi se me salen los ojos cada vez que lo veo, porque mi padre jamás de los jamases lo haría, lo que no significa que sea ley, por lo tanto me di a la tarea de realizar una encuesta entre mis hombres; o sea, mi papá, mi hermano y mis amigos (bueno, tres de ellos), y una amiga vestuarista. No pude determinar nada pues me percaté que en realidad todos tenían una respuesta distinta. Entonces me fui a la fuente de la sabiduría, GOOGLE, en donde obtuve tres millones de respuestas y concluyo lo siguiente:


Efectivamente, cada cuello tiene su razón de ser y su ocasión de lucirse, pero hay a quienes les REvale un cacahuate. Para saber cual es el uso acertado para cada ocasión, hay que recurrir al origen:

Hacia 1850 la empresa Brooks Brothers pasó de ser una empresa familiar a un negocio que llegaba a vestir a los presidentes de Estados Unidos. En 1899 el nieto heredero viaja a Inglaterra para cerrar un contrato con un partido de polo (yo creo que no conocían el piedra, papel o tijera), y es ahí donde comenzó todo.


Si algo le llamó especialmente la atención fue que las camisas de los jinetes tenían un botón para mantener las aletillas de los cuellos pegadas al pecho. De manera que mientras cabalgaban durante el juego, los cuellos no ondeaban al viento, evitando cualquier distracción de los jugadores. A su regreso a América, decidió incorporar dicha idea a sus camisas para restarles formalidad y hacerlas más cómodas.

Hasta aquí no he resuelto mi duda. ¿Son aptas para llevar con corbata?


Aquí radica el meollo del asunto. Mientras que en Europa es un error garrafal, en USA es muy común y nadie lo ve mal. Sin embargo, si es una camisa sport, pues no lleva corbata, ¿no?

Okey, es una cuestión cultural, y sólo por eso evitaré hacer bizcos cuando lo vea.

Fotografía: Juan Pablo Carrillo


A veces pasa que adoptas también los gustos del Prójimo, sobretodo cuando te sientes especialmente atraída e interesada. Eso fue lo que me pasó con MUSE, a quienes medio había oído pero jamás escuchado. Fue Prójimoquien me persuadió hace 4 años en una plática casual en La Casa del Té para chutarme un par de canciones de Kasabian, The Maccabees, Pulp y Muse. Me tenía embaucada, no tuve más remedio que asentar con la cabeza y anotarlo mentalmente en el encabezado de mi lista de pendientes urgentes. Al día siguiente ya formaban parte del soundtrack de mi película (#NERD)

Hace 2 años tuve la suerte de escucharlos y verlos en vivo (gracias a Prójimo), para lo que me preparé con meses de anticipación (casi igual que cuando el examen oral Delf B2). Recuerdo que el pecho me cimbraba con sonidos electrónico-sinfónico-progresivo-alternativo-espaciales. Y es que Muse no es cualquier banda. Son unos loquillos revolucionados, inspirados por la astrofísica, la vida extraterrestre y el fin del mundo, y logran transmitirlo perfectamente a través del sonido de su música.

Ésta será su cuarta visita a México para presentar «Drones» su séptimo álbum de estudio, y si no te pusiste las pilas para ir verlos al Palacio de los Deportes, aún podrías tener chance de toparlos en el Corona Capital.
El recuerdo de haber vivido la experiencia de ir a un concierto de esa magnitud se desvanecería con el pasar de los tiempos de no ser por la playerita padre que Prójimo me regaló. Ponérmela es volverlo a vivir.
Cuando tengas la dicha de ir a ver a una banda de esta calaña te aconsejo que:
  • Si no has escuchado por completo el último álbum, tómate la molestia de aprenderte un par de canciones.
  • Evita la toma de líquidos unas horas antes del concierto. Luego pasa que justo tienes que salir corriendo cuando tocan tu canción favorita o la única que te sabes. 
  • Está prohibido perder la oportunidad de comprarte la playera del recuerdo. Aunque siempre podrás conseguirla cualquier sábado en el Chopo. 
  • Nunca nunca sacrifiques comodidad por fashion. No uses tu mejor ropa. Trata de ir lo más cómodo posible.
  • Asimismo, un buen zapato es esencial. Para un concierto jamás utilices sandalias, flats o tacones. Lo mejor son botas o tenis. Los veteranos lo saben.

Hace no mucho tiempo trabajé en un hermoso lugar, parecido a Disney, bueno no, a Reino Aventura… bueno tampoco, más bien era como Divertido pero de la televisión, en donde conocí a personas maravillosas, llenas de talento que desarrollan proyectos con bajísimo presupuesto pero con mucha calidad. En ese lugar increible a veces tenía reuniones con la entonces jefa mayor “Huelequesos” y  con su achichincle “Levantoeldedomeñiqueparatodo” con quienes tenía que ver cuestiones de vestuario e imagen, lo que me exigía defender mis argumentos con el ejemplo, con el grado de dificultad de que soy diseñadora y a veces me visto rarito porque cuando compro ropa, busco obsesivamente piezas únicas, casi siempre. En fin, lo que comencé a hacer para evitarme muchos achaques y malestares causados por el estrés que implica trabajar bajo presión psicológica y emocional proveniente de dos seres cuya especie es conocida por lo letal que es su ponzoña y el sonido de sus cascabeles, fue lo siguiente que estoy a punto de revelarte:

  • Elige tu ropa la noche anterior. Ésta tiene que ser muy cómoda, lo que significa que te quede a tu medida, que sea de colores obscuros por si te llegaras a manchar, no tendrás que preocuparte por ello. No jeans.

  • Arregla tus manos un día antes. Pinta tus uñas con colores de temporada o clásicos.  Evita pintarte cuadros impresionistas en las uñas, y sobretodo olvídate de las uñas postizas kilométricas.


  • No optes por blusas con escotes pronunciados, ni minifaldas entalladas. Sobretodo porque necesitas que la atención se centre en tu discurso.

  • Elige zapatos cómodos; no tacón, no flats. Aprovecho para aclarar que cuando hablo de flats me refiero a este zapato:

  • Para la oficina te recomiendo estos:


  • Elige accesorios discretos y  en caso de que te guste como a mí el toque de color, utiliza alguna mascada o busca que tu blusa sea alegre: roja, naranja o magenta dependiendo de tu tono de piel.

  • Arregla tu cabello y maquíllate discretamente. Jamás vayas a una junta con la cara lavada y sin peinar.


  • Date tiempo para desayunar, de manera que en media junta no te hable el estómago y/o corras el riesgo de tener mal aliento.


  • Hidrátate.

  • Mantén una actitud positiva aunque te lleve Pifas.

Esto no es garantía de nada, pero en muchísimas ocasiones me ha funcionado, considerando que las personas con mejor imagen proyectan mayor seguridad, lo que a su vez se traduce en éxito la mayoría de las veces.

Fotografía: Juan Pablo Carrillo
La diferencia entre el contorno de mi cadera y el de mi busto es de casi 10 cm, lo que me hace una letra A, o como dice mi amiga Ana Guerrero CUERPO ANTIGUO. Saberlo y aceptarme me ha ayudado a conocer qué me favorece y qué no aunque a veces lo ignore y me deje llevar por la moda que no me acomoda.

Me he aprovechado de las características peculiares de mis curvas para vestirme vintage, me encanta, y es que sobretodo los pantalones acampanados de mezclilla  y a la cintura me favorecen un montón pues visualmente la campana disimula las elipses de mi cadera. Para lograr un balance, generalmente los utilizo con  blusas de colores llamativos o claros, estampadas, con textura, satinadas y/o un poco holgadas (pues todo lo mencionado ensancha). Por difícil que parezca, siempre busco cualquier elemento que llame la atención visual hacia la parte superior de mi talle.

Es interesante cómo lo vintage es un estilo que permanece. Me pregunto si en los años 70 consideraban buena idea vestirse con ropa de los años 40.

En fin, si te gusta lo retro como a mí, y te favorece, te sugiero que lo enriquezcas con accesorios también vintage o que estén en tendencia actualmente, ya sean unos lentes de sol grandes y redondos,  una mascada de paisley como la mía, bolsa y reloj de cuero, y unos zuecos rojos o botines cafés de agujeta y bigotera.


En algún post anterior escribí acerca de la moda retro y lo que aconsejan los expertos en imagen. A grandes rasgos hacen hincapié en evitar usarla cuando rebasas los cuarenta años,
justo porque aparentarías más edad, o aun peor, la edad que tienes. Pero el otro día viendo el documental de Iris Apfelme replanteé algunos argumentos y ahora considero primordial ser feliz con tus gustos y elecciones, armarte de muchísima seguridad con ello y hacer un manual propio de “buen gusto” antes que seguir el manual del “buen vestir”.


Hay días que inevitablemente algo te arruina la buena racha que llevabas y pum, te cambia la actitud, te trastorna fatalistas y comienza el drama acerca de la vida y sus mil y un maneras de burlarse de ti.
Así me pasó la vez que de adolescente me salté la supervisión de mi madre y metí a la lavadora un hermoso suéter de cachemir blanco de cuello de tortuga bellísimo que me había regalado mi abuela; o la vez que metí hace un par de navidades el reboso de lana de Guerrero que me había regalado la mamá de mi mejor amigo; o la última y más reciente , el día que se me hizo fácil meter mi vestido azul cielo de rayón con la carga de ropa delicada. Invariablemente me sorprendo, caigo en shock cuando encuentro mi ropita pequeñita y diminuta, como para vestir muñecas.
¿Alguna vez te ha pasado? Si la respuesta es afirmativa (asintiendo con la cabeza)  puede ser que sea demasiado tarde, pero también puede ser que este post te ayude a saber qué hacer en próximas ocasiones:

  1. Mantén la calma y respira profundo.
  2. Si tu prenda aún está húmeda, estírala lo más posible de manera uniforme.
  3. En caso de que ya esté seca, métela en una tarja de agua con suavizante, déjala remojando  durante un día entero. Después enjuágala perfectamente y tiéndela sin escurrir en una reja de esas para tender ropa para que no se desgobierne.
  4. Háblale a tu mamá o a tu abuela, ellas siempre sabrán qué hacer.


Muchas de las telas se encogen al secarse o al lavarse y prendas de rayón, lino o lana se encogen cuando las lavas. Para hacer las cosas bien lo mejor es lavar la ropa con agua fría o a mano y colgarla para que se seque sola, y nunca nunca pasar por alto la etiqueta con las instrucciones de cuidado.