Aprendí desde muy pequeña a dividir y a organizar al mundo entre listos y tontos, ricos y pobres, blancos y negros, gordos y flacos, etcétera. Y no sólo eso, sino que uno era positivo y el otro negativo; de manera que al enfrentarme al mundo, mis mecanismos de defensa me invitaban a etiquetar con alguno de estos adjetivos a los demás. Por supuesto, los negativos los elegía para aquellas personas con quienes me peleaba o me hacían sentir vulnerable.

Este horrible aprendizaje lo arrastré toda mi vida, inclusive, hace no mucho tiempo, la única y ordinaria manera de hacer sentir mal a la actual novia de mi ex, porque en realidad no conozco nada de ella, fue atacándola con su imagen física.

Me cayó el 20 de que en realidad señalarle sus defectos, a ella y a cualquiera, es la manera más simple de evadir lo que yo misma soy y no soy, y la forma más mediocre de intentar sobresalir.

También, soy consciente de que he sido súper ruda conmigo, y que solita me saboteo diciéndome en infinitas ocasiones lo imperfecta que soy. 

Lo escribo porque sé que no soy la única; me consta. Y si tú estás por acá, leyendo esto, y alguna de mis palabras te hace sentido, déjame comprobarte que hemos vivido equivocados, porque lo que podrías considerar como un «defecto» físico, realmente es una cualidad, y es estético y bello.


Ayer que fue día del amor y la amistad,  no pude evitar analizar las cosas bonitas que compartieron algunos amigos en sus redes sociales; fotos, mensajes, videos, dibujitos, etc., y pensé, “todo eso está muy bien, pero cómo andarán con su amistad y amor propios”…
Escribiendo esto, recordé una frase de Eve Ensler que dice algo como “Una de las cosas más radicales que puede hacer una mujer, es amar su cuerpo”… y sinceramente, no creo que sólo las mujeres, sino hombres también.
Amar tu cuerpo es lo primero y lo último.
Suena súper trillado, sin embargo, es muy cierto eso que dicen que “no puedes dar lo que no tienes”. Además que, cuando te amas a ti mismo, cuidas tu cuerpo, tu mente y espíritu; y generalmente, por ende, te relacionas con personas que también lo hacen, porque lo semejante atrae lo semejante.
Nunca, en los dos años que estamos por cumplir  Juan Pablo y yo con este blog, he sido tan directa. Y es que, en todos y cada uno de los post, va un mensaje subliminal anti fashion como el anti consumismo, en pro de tu creatividad y lo más importante, la aceptación de lo que tienes y cómo sacarle el mejor provecho; es decir AMOR PROPIO.
Pensarás, “¡genial!”… y en una escala del uno al diez, ¿cómo sé si lo tengo o no?, y si no lo tengo, “¿cómo le hago?”…(hoy no viene el listículo).
Toma ya la decisión de ponerte en primer lugar, por encima de las expectativas de los demás, y por los “demás”, me refiero, no sólo a la gente con la que te rodeas, sino a todo lo que consumes. Rompe con los estándares de belleza que alguien más pensó que son bellos y elige los propios. Pon a tu cuerpo en un pedestal y acéptalo tal y como es. Que tu batalla sea por sentirte bien contigo y no por tratar de encajar en un estereotipo diseñado por alguien más.
En fin, éste es mi deseo y mi mensaje de amor y amistad.

Gracias por leerme una vez más.


Tuve la dicha de ser una niña libre en muchos sentidos. Cito tres importantes:
Mis padres me obligaban a comer todo lo que nunca antes había probado aún en contra de mi voluntad, y contrario a lo tremendo que eso suena, realmente me formaron en libertad porque hoy, ese simple y sencillo acto, me permite elegir libremente lo que me gusta y lo que no… por lo consiguiente, no soy nada «piqui» a la hora de comer.
Mi papá, siempre, sin falla, ante cualquier duda, pregunta, comentario o cuestión, por pequeñita que fuera, me mandaba a la enciclopedia a resolverla, y eso era un cuento de nunca acabar, porque, en las enciclopedias ocupan términos muy elevados para una niña, entonces de una duda, derivaban siete más (sólo por decir un número).
Mi mamá, siempre me dejó elegir mis atuendos por muy «fachitas» que pudiera verme o descoordinada o loquilla; y aquí me extiendo para escribir este post.
Es tan cierto eso que dicen por ahí acerca de que los adultos creativos son aquellos que permitieron que su niño interior sobreviviera a través de los años.

Definitivamente, no soy la más creativa, por lo menos no me siento, pero le echo ganas. Y ser creativo no sólo tiene que ver con habilidades intelectuales ni de destreza, sino en las decisiones diarias de la cotidianeidad. Acá viene el listículo
¡Cómo rescatar al niño genio y creativo que alguna vez fuiste!
Escucha todo tipo de música. No te limites al pop, que nadie niega que es chido, pero repásate a los grandes como a Bach, Shubert, Tchaikovsky, Wagner, Bethoven y Stravinsky; elige tres o cuatro bandas británicas de ayer y hoy; y pues también abre tus horizontes a bandas locales como Dandy Overdose, Comisario Pantera, Los Románticos de Zacatecas… por mencionar a algunos.

Prueba todo tipo de comida, sin escarbarla y discriminarla. Regálale la oportunidad a tus papilas gustativas de explorar nuevos sabores.

Dibuja y lee. Por horrible que dibujes y por mucho que odies la lectura. Esfuérzate en hacerlo, como en plan “rutina de ejercicio”, hasta lograr una condición, de manera que se te haga costumbrita sacar a pasear todos los días a tu imaginación.
Viaja. Ya no te digo a Asia o a África (aunque sería lo ideal)… viaja en tu ciudad; elige nuevas rutas a tus destinos cotidianos. Vuélvete curioso, sin caer en alguien freak super freak que parezca que acosa a las personas; pero despierta tu capacidad de asombro,  muestra interés en las personas conocidas y desconocidas, en sus calles y en sus casas; en su historia.

Vístete distinto. Deja de esforzarte demasiado en verte perfecto todo el tiempo. Deja de combinar tu ropa y empieza a divertirte con ella. Se vale usar colores, texturas y estampados. Rompe las reglas y sé verdaderamente feliz.

Bueno, eso digo yo… ¿tú qué dices?


Me da gracia cómo ante los desplantes del presidente del país vecino, algunos de nosotros reaccionan de manera visceral buscando venganza con quienes ni la deben ni la temen, y piensan que con consumir lo nacional nos salvaremos, olvidando que hay empresas trasnacionales que le dan empleo a un titipuchal de mexicanos y que además invierten grandes cantidades de dinero en productos y servicios mexicanos, o sea que la cadenita es infinita…
Pero bueno, yo no soy economista ni especialista en política, pero definitivamente soy una mexicana que antepone el diseño mexicano y lo hecho en México con mucho amor, sobretodo cuando de ropa se trata, lo que no significa que no consuma marcas extranjeras. Sin embargo se me hace buenísima idea promover más lo hecho con manos mexicanas, y qué mejor, ir a los lugares de origen.
Promoviendo Chiapas.

Es San Cristobal de las Casa, una de las ciudades más bonitas, no sólo de México, sino del mundo entero, en donde se congregan infinitas culturas porque no hay persona que se pare en la plaza y no sienta que la vida es increíble; lo mismo pasa en Zinacantán o San Juan Chamula, donde las mujeres y hombres conservan sus tradiciones y sus ideales. Visten trajes típicos y comulgan con la naturaleza, lo que se refleja en sus miradas penetrantes y cristalinas (me alborotan lo romántica).

Es poco lo que puedo decir con palabras acerca de Chiapas, pero es infinito lo que mi memoria emocional registró, registra, registrará, porque definitivamente, se postula en uno de mis lugares favoritos de escape en el mundo mundial, y este post es mi sutil manera de sonsacarte para que vayas una y mil veces, y que promovamos juntos todo lo bonito que allá se hace.

¿Cómo ves?