Fotografía: Jorge Ulloa

No estoy descubriendo el hilo negro ni tampoco la cura contra todos los males de la humanidad (aunque realmente creo que ésta es la cura contra todos los males de la humanidad), pero caí en cuenta, que la mayoría de las personas con las que me rodeo me hacen feliz de alguna u otra forma, lo que de ninguna manera los hace payasos, sino hombres y mujeres de mucho bien.
A la mayoría de las personas, nos gusta ser felices y hacer felices a los demás, porque hay una inmensa dosis de placer en eso;  y realmente nos sentimos atraídos física y emocionalmente por seres que le aportan dicha a nuestras vidas. Es una cuestión de química más que de física, pues al reír y compartir la risa, producimos hormonas que potencializan hasta el cielo nuestro gozo.
Analizando a mis amigos me di cuenta que es algo con lo que todos nacemos, pero que no todos desarrollamos, por eso hacernos los chistosos rara vez funciona, es como si te quisieras hacer el matemático, o el atlético… obviamente eso también se estudia, y se trabaja… aunque no sé en donde. Con toda sinceridad, sé que tiene una relación directamente proporcional  con el autoestima y  la actitud con la que se mira de frente a la adversidad.
En fin, si tienes el don y estas leyendo esto por acá, déjame felicitarte porque tienes el 90 % de probabilidades de que las personas, hombres y mujeres, sientan una atracción fatal por tus encantos, y debes saber que eso, NUNCA pasa de moda…. También debes saber, que no necesariamente esto significa que vayan a buscarte para el romance.
Bueno, eso digo yo.


Desde hace dos semanas que decidí despedirme de mi larguísima cabellera de sirena, he recibido todo tipo de reacciones y comentarios. La mayoría de ellos, gratamente positivos, lo que me ha arrancado sonrisas de inmensa alegría; pero también, he sido testigo de malas caras, como de decepción y/o silencios al respecto, mismos que también me han arrancado sonrisas.

Llevaba más de un mes dándole vueltas. Fue una idea que sembré en mi cabeza y que cada día se esparcía no muy lentamente hacia mi voluntad y mi deseo. A este hecho se le sumaron todas y cada una de las veces en las que me cachaba haciendo muecas porque tenia que desenredarme el pelo, lo cual demandaba por lo menos 15 minutos de mi tiempo. O las infinitas ocasiones en las que llegaba a mi destino y tenia que quitarme el cinturón de seguridad del coche, después de manejar en el increíble tráfico de la ciudad de México, y mi pelo, invariablemente, sufría de horribles jalones. La última mala experiencia que recuerdo, fue un día antes de cortarlo; había decidido irme en bici a tomar un café con mi BFF, y el estacionamiento de bicis estaba llenísimo, aún así, pude abrirle paso a la mía; con mucho esfuerzo, agachada incómodamente logré ponerle el candado, y cuando intenté levantarme, mi cabello lo impedía; estaba atoradísimo en la cadena de otra bici, como si tuviera vida propia y me estuviera jugando una mala broma. Para mí, ya eran demasiadas señales.

Definitivamente, no me corté el pelo para agradarle a nadie más que mi misma; y pues yo no soy de esas personas que va por la vida, considerando la opinión de los demás para sentirse bien.

Cortarme el pelo ha significado dejar atrás lo pasado; y es la prueba de que no estoy atada ni a costumbres y mucho menos a creencias. 

Y bueno, no puedo dejar de lado que, por mi tipo de cara, «diamante», el pelo corto me hace favores si de imagen hablamos.

Fotografía: Juan Pablo Carrillo

Soy de la media de la población a la que no le gustan las despedidas,  motivo por el cual me considero un poco acumuladora y bastante nostálgica. Pero el 2017 es la prueba más fehaciente de que dejar ir lo pasado y obsoleto, al menos para mi, ha sido abrirle los brazos, la boca y el corazón a las posibilidades.

Este post es un ritual de despedida y agradecimiento al invierno, al lado de Paula, mi BFF-cómplice-hermana-cherry twin con quien comparto el gusto por la moda y el diseño, y con quien en más de una ocasión, ha coincidido que llegamos a alguna reunión o evento, vestidas casi igual. Algunos expertos en sociología lo llaman “Conciencia Colectiva”, sin embargo, lo que hay entre ella y yo, es  una impresionante “Conexión Sobrenatural Del Tercer Tipo”; casi podría jurar y escupir que lee mi mente y yo la de ella. Es quien me pica las costillas para ponerme creativa y me acompaña de vez en vez, a darle de comer a mi instinto intelectualoide; llámese viaje, exposición o bazar.

También, sin duda, es la que se lleva el crédito de este post, puesto que fue quien tuvo la genial idea de despedirnos juntas del invierno con redobles, para después, poder decirle ¡HOLAAAA! a la primavera. 

Decir adiós, es para valientes, inclusive cuando de moda se trata.

Despedirnos es un hecho al que nos enfrentamos todos los días, todo el tiempo, porque, por trillado que suene, la vida es movimiento,  nada es estático y nadie es permanente. Decir adiós, es atreverse a hacerlo diferente, permitir que te pasen cosas; dejar atrás personas, creencias, malos hábitos y viejas mañas. Adaptarse a los cambios y qué mejor, generarlos.

Para nosotras, hacerlo distinto es pensar distinto; va más allá de vestirnos raro, o cortarnos el pelo; no son actos de revolución, son el resultado de la evolución… de nuestra humanidad. De ser cada día más nosotras mismas. 
Antes de aventar los vestidos de lana, los abrigos, las bufandas y las botas, queríamos decir:
¡Gracias, gracias… estamos agradecidas!



…para cada día de la semana. 
Esta vez elijo música nacional, porque en este blog promovemos lo hecho en México, porque ¡VIVA MÉXICO!
Hace mucho dejaron de ser una pesadilla los lunes para mi, pero entiendo que para la mayoría de las personas, lo fueron, son y seguirán siendo, porque tal vez les recuerdan a los días de escuela. Después de haber chacoteado felizmente todo el fin de semana, llegaba la horrible hora de levantarse temprano para llegar  a tiempo a clases. Esa es mi teoría del San Lunes, pero puede que no sea por eso, tal vez es un tema kármico o simplemente una epidemia social. Como sea, Natalia se sacó un 10 cerrado con las jaranas, son jarocho y demás; no hay manera de no ponerle ánimo y zapateado al comienzo de la semana escuchando “Tú si sabes quererme”.

Aunque Mon sea chilena y Joanes colombiano,  esta canción es producto mexicano, y para muestra las mil y un veces que repiten esta canción en TODAS las estaciones del metro en México; como diría mi amiga Vero, “esa canción está de moda en el metro”. Todo lo anterior no es lo que la hace perfecta para escoger tu atuendo del martes, sino la mezcla de ritmos, como de dos pasos pa’lante y uno pa’tras… ¿no?
Miércoles: ombligo de semana, Te vas, de Kinky.
Es de córtate las venas total, lo que la hace encajar estupendamente en el ombligo de la semana, además de contar con el bit perfecto para mantener el ánimo en su lugar y aguantar a que llegue el viernes chiquito.
Sólo necesitas escuchar la letra para entender por qué la considero digna del jueves, y si no lo captas porque tal vez no es tan claro,  lo que quiero decir es que cuando pienses que ya no puedes más, que estas hasta el copete de trabajo, siempre podremos aportar… yo las canciones y tú la magia (súper cursi, súper nerd).
Aplausos y más aplausos, la felicidad hecha bits.
  

Perfecta para ponerte tus mejores trapitos al estilo aunt Jemima y preprar hot cakes dignos del mejor día de la semana.

Los domingos tienen un tinte de paz y melancolía, ¿cierto?, o acaso soy la única que los encuentra soleados con posibles lluvias.

Este post es el pretexto perfecto para compartirte mi gusto musical y darte una idea del ritmo con el que comienzan mis días.
Sé bien que algunos de sus padres les marcaban la ropa con sus iniciales. Inclusive, era obligatorio en algunas escuelas, o como en el caso de mi amigo Genaro, que pasaba los veranos en campamentos en Canadá, por lo tanto era una necesidad, más que una obligación, puesto que su ropa se mezclaba con la de los demás niños. Así que sus iniciales estaban en todas y cada una de sus prendas sin excepción, y por «todas», me refiero a su ropita interior también. Motivo por el cual los monitores (esos jóvenes que trabajan en los campamentos) supieron enseguida que la ropa interior que estaba olvidada «sin querer” en los baños, era de mi amigo.
También recordé que mi papá y mi abuelo tenían el gran privilegio de que mi abuela les bordara todos y cada uno de sus pañuelos, y todas y cada una de las bolsitas del talle izquierdo de sus camisas con sus pequeñas iniciales. Era un detalle muy discreto pero único. Como haciendo de su ropa algo exclusivo y súper personal.
Hace poco leí a uno de estos dizque “gurús y asesores de imagen”, afirmando que esta costumbre de los señores caballeros, era old fashion, e inclusive ya no se acostumbraba porque se percibe como algo ordinario. Entonces recordé el objetivo del vestir, y sobre todo, del vestir bien.
Vestirse bien es un lujo que no necesariamente tiene que ser caro. Es más bien, mostrarle al mundo quien eres a través de tu ropa y cómo la combinas y cómo la portas. Y definitivamente creo que personalizar tus prendas le dan un valor agregado… tiene muchísima onda.
Todo lo anterior, viene a cuenta de que me encontré con una marca de accesorios increíble que despertó, en primer lugar mi memoria con los cuentos que ya te conté, y en segundo lugar, mi interés y fanatismo, porque quiero todo lo que venden. Se llaman Special gifts y personalizan  cada uno de sus productos con tus iniciales o tu nombre; tuy@s y/o las de tu perro, gato, puerquito… mascota. 

Aquí  dejo la liga de su fan page en Facebook para que te des una idea de lo que te cuento, Special Gifts.

Juro y escupo que tú también vas a querer todo.