Este es un vil pretexto para compartirte una de mis recetas favoritas, sin embargo puedo jurar y escupir que tiene grandes beneficios, sobretodo para quienes tenemos el problemita de almacenar glucosa en la sangre.

Entre algunos beneficios, logra por sus riquísimas propiedades evitar que la glucosa se convierta en grasa nociva y que se acumule en el cuerpo.

Normalmente esta receta la preparo en las noches, que es cuando consumo menos carbohidratos.

NOPALES A LA MEXICANA (esa soy yo). Ración para una persona.

Ingredientes

 4 Nopales muy tiernos

1 Jitomate guaje

¼ de cebolla

½ chile serrano

1 limón

Orégano

Sal

  1. Pica los 4 nopales, el jitomate, la cebolla y el chille serrano. La cebolla medianamente fina.
  2. En un bowl, mézclalos mientras les agregas el jugo de un limón, sal al gusto y una pizca de orégano.
  3. Una vez que está todo revuelto, están listos para servirse.

El resultado es un pico de gallo en realidad. Normalmente lo sirvo con tostadas; de esas que son MUY SANAS (por evitarme el tema de la marca), pero es que no tienen grasa, y son muy ricas.

Y bueno, definitivamente le tienes que perder el asco a la baba del nopal, porque como en realidad son crudos y están muy tiernos, tienen muchísima.

Si los haces, me encantaría que me contaras la experiencia.

¡Saludos!


… o sea, yo.

Llevaba varias semanas queriendo compartir contigo, querido lector de esta revista, lo que a continuación escribí.

Como ya sabes (creo), soy coordinadora de vestuario, especialista en moda, asesora de imagen y además tengo diabetes tipo 1; y así como mantengo una constante capacitación de salud para compartir información valiosa contigo por este medio, también me doy a la tarea constante de actualizarme en moda e imagen; de tal suerte que un día, navegando en la red, me encontré con un articulo que decía más o menos así: “ 5 secretos de belleza de las francesas”… o algo por el estilo. Así que decidí refutar dicho post y hacer mi propia versión.

5 trucos de belleza que he descubierto a través de los años por mi condición y mi profesión, y puedo jurar y escupir, que no son exclusivos de mi género, por lo que puedo presumir que más bien, son propios de mi país. ¡Viva México!

En efecto, el estilo y clase de las francesas es un destino al que tod@s queremos llegar, pero sé de un@ que otr@ francés(a) que prefiere el encanto y sensualidad de l@s mexican@s.

Aquí mis conclusiones:

  • Aunque algunas veces, nos sobre maquillaje, nunca nos faltan ganas de bailar.
  • Nos bañamos para oler bien rico y mantener nuestra piel hidratada, lo hacemos diario mientras cantamos, y también la regadera con la llave cerrada, se puede convertir en pista de baile.
  • Tal vez nosotr@s no tomemos vino en la comida diario, pero en nuestras mesas jamás falta el chile, maíz y frijol, en cualquier presentación, lo que nos regala una dieta rica en súper poderes; está estudiado que aquellas personas que basan su dieta en el consumo de chile no se enferman con tanta facilidad por causas de bacterias, que el maíz no contiene gluten, lo que significa que el estómago absorbe mejor los nutrientes, y el frijol es sumamente rico en hierro, proteínas y antioxidantes, lo que en conjunto o por separado, comer estos tres alimentos nos hacen más felices, al menos a mi me pone contenta, como con ganas de bailar.
  • Nos reímos de las desgracias, y ya sabes que con la risa lo que pasa es que trae muchos beneficios que se relacionan directamente con la salud, y mientras escribo esto mi pie baila porque mientras lo hago, escucho musiquita y pues me dan ganas de bailar.
  • Cualquier momento es bueno para bailar, no importa cómo, dónde, ni la hora del día.

Bailar mantiene los niveles de glucosa súuuuper estables, porque es el mejor ejercicio de cardio que existe.

En fin, por eso l@s mexican@s somos doblemente bell@s… bueno, los latinos en general.


En todos mis días con diabetes, jamás había escuchado que alguien me dijera “pero la diabetes que tú tienes es la grave ¿no?”, hasta hace un par de días. Yo sólo volteé los ojos, respiré y contesté “no”. Mantuve una conversación mental conmigo y mi cerebro decidiendo si explicarle o no, y es que a veces no tengo paciencia, me siento como cuando mi madre me pide que le explique cómo usar su teléfono nuevo; y por otro lado, pienso también que las personas no deberíamos externar nuestros comentarios sin fundamento, pero invariablemente, todos caemos de alguna u otra forma, con algún tema que desconocemos pero que creemos dominar sólo porque el primo de un amigo nos contó, o escuchamos o simplemente nos imaginamos, pero la realidad es que no tenemos ni la más mínima idea.


La diabetes tipo 1 aparece cuando el propio organismo destruye las células beta del páncreas, las que producen la insulina. Este tipo de diabetes suele darse en personas jóvenes y niños. El tratamiento de la diabetes mellitus tipo 1 consiste en suministrar insulina por vía subcutánea para cubrir el consumo de carbohidratos del individuo.

La diabetes tipo 2, es la que desarrollan, generalmente, personas mayores de 40 años. En un inicio el páncreas sí produce insulina, pero el problema es que esta insulina no funciona bien porque la hormona tiene problemas de acción en las células del músculo o del hígado por ejemplo. Estos problemas suelen deberse a la presencia de obesidad, tabaquismo, entre otros, de manera que una dieta adecuada y la práctica de ejercicio, para controlar el peso y la condición física son el tratamiento inicial. Si a pesar de ello, el problema no se resuelve, se pueden utilizar diferentes medicamentos orales. Cuando la evolución de la diabetes es larga, el páncreas se agota y fabrica cada vez menos insulina, con lo que en algunos casos, el tratamiento con insulina también es necesario en la diabetes tipo 2.


Tal vez la próxima vez que alguien externe su “rusticidad” (estoy intentando ser muy política, ¿ves?) con respecto al tema «diabetes», después de sacar mi escudo protector les regale la versión impresa de este post que estoy dispuesta a imprimir en millares.


El día que Héroe me propuso colocarme una microinfusora de insulina, después de explicarme en qué consistía, comencé a fantasear cómo sería. Entonces llegué a mi casa a buscar en internet imágenes y toda la información al respecto, y en ese momento pensé: -“Sí la quiero, pero no ahorita” (soy de la media de la población del sí sí, pero no, mejor al ratito… creo que se llama miedo a lo desconocido).


¿En qué consiste una microinfusora de insulina?

La microinfusora de insulina es un pequeño aparato, del tamaño y peso de un radiolocalizador, el cual no se implanta, más bien la insulina es administrada a través de una especie de mini catéter que se inserta por debajo de la piel y se cambia cada 2 ó 3 días, puede desconectarse fácilmente para bañarte, nadar o realizar cualquier actividad física que así lo requiera. Con solo oprimir un par de botones administra la cantidad de insulina que requieres.

La terapia con la microinfusora o bomba de insulina está diseñada para personas insulinodependientes. Es el tratamiento que más se parece a la acción de un páncreas saludable, pues además de cubrir la necesidad de insulina durante las comidas, administran insulina las 24 horas del día, de acuerdo a un plan programado diseñado especialmente para ti, sustituyendo a la vez lo que normalmente utilizarías de insulina lenta, esto para mantener niveles de glucosa en sangre en el rango deseado entre las comidas y durante la noche.


La terapia con microinfusora de insulina, te da más libertad para comer lo que quieras, cuando quieras, saltarte una comida, dormir o hacer ejercicio sin temor a una baja de azúcar.

Ese “ahorita no” lo sostuve en mis pensamientos saboteadores a lo largo de 5 años aproximadamente, y hoy me río, porque sólo puedo pensar que me tardé demasiado.

Mi tamagotchi y yo, somos uno mismo.


Desde que tengo memoria mi papá se ha tomado muy en serio esa chamba de guía-orientador de vida, sobretodo a la hora de probar cosas nuevas, llámese comida y/o experiencias. Por eso, hoy en día alzo los brazos al cielo y agradezco al universo que puedo disfrutar de casi todo tipo de comida, y digo casi, porque definitivamente brochetas de víboras y cucarachas fritas chinas muy probablemente no, pero todo lo demás, sí. Lo que no significa en ningún momento que no me resista al cambio y que no me tiemblen las rodillas cuando se me presenta algo desconocido, como me pasó el día en que Héroe me propuso colocarme la microinfusora de insulina, también conocida como bomba de insulina, pero como suena súper azotado pues yo la bauticé con el nombre de Tamagotchi. En fin, mi reacción inmediata fue pelar los ojos y tragar saliva para darle una respuesta conciliadora de manera que no notara que me estaba poniendo pálida del terror, entonces le pregunté –“¿lo puedo pensar?”, él sonrío y me dijo –“¡claro!”. De eso han pasado 5 años y apenas hace unos meses jalé aire para hacer tooooodos y cada uno de los tramites necesarios para tener un Tamagotchi.

¿Qué me hizo reaccionar? El motivo principal fue que Héroe me había advertido de lo riesgoso que sería embarazarme con un descontrol de glucosa en sangre, y en ese momento yo estaba tan enamorada de mi ahora exnovio que obviamente empecé a hacer planes a futuro con él; pero sin duda, también me motivaba mi profundo deseo de hacer las cosas cada vez mejor, por amor propio, por tener energía y muchas ganas de vivir mejor.

Sólo me detenía algo ligeramente vano, que es el hecho de que Tamagotchi va conmigo a todos lados y no hay manera de ocultarlo, pensaba que ya no podría usar ombligueras, ni leggings, ni vestidos muy entallados, porque qué oso que la gente lo viera, y qué flojera dar explicaciones. Hasta que un día me desperté con la llamada de la vendedora de mi Tamagotchi para avisarme que ese mismo día lo mandarían a mi casa, entonces ya era algo muy real; pensé, “¿qué diablos?, total, MI DULCE VIDA ya es pública, será un tema más del cual podré escribir (sonrío).

Continuará…

Si algo puedo presumir, es que tengo a los mejores amigos del mundo a mi lado desde los 12 años de edad, por lo que me siento la muy muy. Sin hacer cuentas, estoy hablando de una larguísima e imperecedera amistad. Somos un GRAAAN grupo, y por “gran” me refiero a un adjetivo calificativo, cuantitativo, relacional y determinativo, puesto que estoy hablando de veintitantos chatos, incluyéndome, con quienes he compartido infinitas experiencias memorables. Te presumo esto a cuenta de lo que hoy quiero compartir.

Mi dulce vida no siempre fue muy dulce, cuando recién me diagnosticaron obviamente caí en depresión y me hacía la valiente, pero fueron mis verdaderos amigos, los que supieron que estaba quebrada pues veían a otra Nelly. Estaba apagada, realmente le tenía terror a lo desconocido y añoraba tiempos pasados.

Por esas fechas, uno de mis mejores amigos, había decidido irse a Oaxaca a pasar año nuevo en la playa alejado de todo y de todos, menos de mí. Así que, en vez de comprar un boleto para volar a Puerto Escondido, compró dos boletos de autobús para llevarme lejos con él. Prácticamente, me dio la noticia en la puerta de mi cuarto, abriendo una maleta con ambas manos, señalándome con los ojos mis cajones, como diciendo “agarra tus chivas que nos vamos, y no es pregunta”. Yo con el ánimo de una morsa y sin fuerzas para revelarme-oponerme-negarme, asentí con la cabeza, arrastrando las pantuflas, sólo le obedecí; y así emprendimos un viaje que dizque duraría 16 horas y que terminaron siendo 22 con destino a Puerto Escondido vía terrestre, lo cual fue perfecto para mí, pues, era tiempo de sueño que no podía dejar perder.

“La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar”.

Ese viaje cambió todo. No sé si influyó estar al nivel del mar, la altura de PuertoEscondido, la falta de estrés, la comida rica, la gente hermosa de Oaxaca, los bailes con desconocidos, mi mejor amigo y su gran talento para hacerme reír o “todas las anteriores”, para que mis niveles de glucosa empezaran a mejorar. Siempre me ha gustado viajar, pero desde esta gran experiencia a Oaxaca, descubrí que viajar es otra manera de aliviarse.

“Cuando puedas viaja, no para escapar de la vida, sino para que la vida no se te escape”.

De las primeras indicaciones que me dio Ximena, mi nutrióloga, fue que invariablemente rotara el área donde me inyectaría la insulina, inclusive, me regaló un cartón con forma de sandía con perforaciones para que la colocara en mi abdomen o en los muslos cada vez que me fuera a inyectar, con el fin de asegurarme que la zona fuese distinta. Al principio la usé un montón, sin embargo con el ir y venir y los ajetreos de la vida laboral, cargar para todos lados con la sandía era demasiado, de por sí, inyectarte en público es todo un rollo (mismo rollo al que ya le dediqué un post anteriormente: “La piedrita en el zapato a la hora de comer”). Y ahora con el tamagotchi funciona igual, invariablemente cada tercer día tengo que cambiar la cánula de lugar.

Recuerdo que cuando me avisó de lo que podía suceder si no alternaba los piquetes, dijo algo que sonaba sumamente macabro y escabroso: “engrosamiento del tejido graso”. Me asusté muchísimo y por eso, por algún tiempo fui muy cuidadosa con eso, pero con el pasar de los años le resté importancia. Este agosto que está por llegar, cumplo 7 años con diabetes, y hace aproximadamente un año y medio, me di cuenta que en mi abdomen bajo, del lado derecho, tengo un chipote chillón, que realmente no se percibe más que cuando subo de peso, pero en este momento de mi vida, la verdad estoy súper aplicada con mis clases de yoga-pilates, el trote y mi cuenta de carbohidratos, de manera que apenas yo lo percibo, ni si quiera “bae”, o al menos eso me jura e híper jura (sonrío jajajaja).


En fin, quería pasarte el tip para que a ti no te pase, y si ya te pasó, pues es irreversible, pero en mi caso, las infinitas series de abdominales me están ayudando un montón.

Como la insulina se absorbe de distinta manera dependiendo donde sea inyectada, es mejor elegir el mismo lugar para cada una de las inyecciones del día. Por ejemplo: No inyectes tu dosis de insulina de antes de la comida un día en el abdomen y el siguiente día en el muslo. Si eliges inyectarte la insulina de antes de la comida en el muslo, todos los días deberías hacerlo en el mismo lugar. Aunque en mi caso, como en el de cualquier mujer, a veces usamos vestido y a veces pantalón o falda, y también eso influye en donde te picas.

La insulina penetra en la sangre:

Más rápidamente en el abdomen (estómago), un poco más lentamente en los brazos, más lentamente en las piernas y muy lentamente en los glúteos.

Si tu médico no te ha dicho lo contrario, es una buena idea que te inyectes la insulina del desayuno y de la comida en el abdomen. La insulina se absorbe más rápidamente en esta área, una absorción más rápida es necesaria para cubrir la cantidad de carbohidratos que se ingerirán a esas horas.

Por otra parte, la dosis de la noche o de antes de ir a la cama se puede inyectar en los glúteos o en los muslos. Esto es porque se requiere que la insulina de larga duración tenga un efecto gradual y pueda cubrir las necesidades de toda la noche.


Correr es la manera más ágil de limpiar tu sangre y regular tus niveles de glucosa, colesterol y demás issues.

Esta no va a ser una de mis historias de amor y romance, pero sí algo que trascendió en mi vida y en parte, es el motivo por el cual pertenece a mi fairy tale.

Siempre, o más bien, desde que tengo memoria fui una niña y adolescente deportista. Durante toda mi vida escolar, formé parte del equipo de voleibol, y de vez en vez desde los 9 años de edad, acompañaba a mi madre a su clase de pilates; y saliendo de la universidad, cuando era “NiNi”, jugaba con mis amigos de la UNAM, ultimate frisbee. Sin embargo nunca desarrollé una condición física que me permitiera aguantar por lo menos dos vueltas seguidas al circuito corto del bosque de Tlalpan, y mucho menos al de los viveros de Coyoacán. Fue hasta hace un par de años, que mi novio (ahora ex), y yo, nos propusimos lograr el gran reto de generar juntos resistencia. Sé bien que él lo hacía más por mi salud y por evitarme otro tremendo regaño como el que Héroe me había dado por el tiempo que dejé de hacer actividad física, que por sus ganas de correr, aunque al final del día, él acababa de regresar a su equipo de fútbol, así que también le caía de maravilla. Al poco tiempo empecé a jugar tocho bandera y todos los esfuerzos, estaban generando resultados en relación a mi resistencia.

Lo que quiero decirte es que siempre es más fácil cuando te lo propones en equipo, pues la motivación es colectiva.


Aquí mis consejos para que puedas lograr un habito de correr.

Lo primero que hay que hacer es planificar: elige los días de la semana para entrenar. Para empezar con 3 días a la semana serán suficientes, luego puedes pasar a cuatro o cinco o diario, dependerá de los objetivos que te vayas planteando.

Al principio te aconsejo que dejes un día de descanso entre los días que sales a correr, y dos días si fue muy intenso.

Hay que empezar con poco volumen, es decir, una distancia semanal que nuestro cuerpo pueda asumir y con el que no nos sintamos muy cansados. Unos 6-10km semanales si empiezas de cero está bien y si tienes algo de base puedes comenzar por 15-20km/semana. Después cada semana puedes incrementar ese kilometraje un 5 ó 10%.

Es importante no hacer todos los días lo mismo, suele ser un error común salir a correr una cierta distancia al mismo ritmo. Al principio te irá bien pero después de un tiempo tu cuerpo se acostumbrará y acabarás por aburrirte de correr. Cada día hazlo diferente: un día para correr largo y suave, otro para correr menos distancia pero a mayor velocidad y otro día podría ser de series.

Este post no es precisamente mi receta de sopas, en realidad Celia Cruz tenía la boquita llena de razón cuando decía que “hay dos días en la vida”. El primero es cuando naces, creces, entras al colegio, haces amigos, estudias, aprendes a manejar, viajas, trabajas, compras un coche, te casas, te reproduces…


El segundo, es cuando te diagnostican con alguna condición, enfermedad o situación extraña y desconocida para ti, pero lo que sucede ese día es que vuelves a nacer y entonces el universo te sirve dos sopas:

Una es de azote… contra las paredes, enojo en contra de los dioses, el universo, la vida, tu familia, contigo; lloras, te guardas en la cama y dejas que los días pasen con indiferencia y resignación.

Y la otra es de azote también pero con jalón de aire, valor y coraje para buscar las respuestas del ¿para qué? en vez del ¿por qué a mi?, ¿por qué yo?, y comienzas a hacer las cosas que ahora te tocan hacer, y además, las haces muy bien.


Con la diabetes lo que me pasó a mi fue que necesariamente tuve que aprender a comer correctamente y ejercitar mi cuerpo diariamente por lo menos una hora, pero además a levantarme de la cama todos y cada uno de los días como si no hubiera un mañana; me dio un hambre voraz por vivir, por leer, conocer, reírme, jugar, viajar, amar… por lo consiguiente dejé de fumar, me alejé de personas tóxicas y comencé a dar gracias por lo bueno.

No hay una gomita mágica para borrar los errores verdaderamente grandes, pero siempre tienes dos opciones, y si te estas equivocando con el manejo de tu diabetes, es momento de comenzar a hacer las cosas distintas y correctas.

A pesar de que estoy a punto de cumplir 7 años con diabetes, la verdad es que no puedo decir que es prueba superada y que domino todo lo relacionado con esta condición por completo, porque realmente no, y me percato de eso cuando conozco a alguien nuevo, alguien que me resulta interesante, sobretodo cuando es un gentleman que me alegra la vista y el corazón (¡ay bájale Nelly!).

En realidad he pasado por varias relaciones durante estos 7 años, cada una con infinitas experiencias y maneras de entender mi condición. Empezaré por el final:


Corresponsabilizo al Tamagotchi que revolucionó mi vida y me sacó del confort; y es que tengo que aclarar que ahora la bomba de insulina va conmigo a todos lados, y no hay manera de ocultarla, pero como ya te había contado en posts pasados, soy una especie de “Stylist” que generalmente viste vintage (para prueba, mi instagram) por lo que la mayoría de las personas se van con la finta y piensan que es un radiolocalizador (jajaja lo disfruto un montón), en cambio cuando usaba plumas y jeringas podía escabullirme para inyectarme donde ninguna persona me veía y así evitar tener que darle explicación a NADIE, y muchas veces por NADIE me refiero a mi “BAE“; ese joven caballero con quien ya llevo un rato saliendo y con quien no termino de abrirme porque me gusta mucho y no quiero espantarlo y que piense que soy una weirda-freak-enferma-débil-pocacosa… (se raya el disco).

Todos esos adjetivos y unos cuantos más, son los que han saboteado mis grandes planes de ser feliz y fluir, y no estoy dispuesta a que me arruinen ni un solo día más. Pues sí, definitivamente soy rarísima, pero ¿quién no?; no estoy enferma, sólo he tenido que hacer las cosas un poco mejor; no soy débil, porque no cualquiera está preparado para el cambio; y ¿poca cosa?, ¿comparada con qué?


La semana pasada por fin se lo dije, y me di cuenta que todo este tiempo le había dado demasiada fuerza y poder al miedo. Lo hice inmenso cuando la realidad es que debí decírselo desde el día cero porque mi condición no me define, y por el contrario me ha obligado a ser mejor en TODOS los aspectos de mi vida y a valorar y a apreciar todo lo que me rodea… por eso y porque cuando se lo dije por fin, después de haberle dado tantas vueltas, él solamente tronó la boquita y dijo: “lo que importa es que estés bien”…creo que no tiene idea de lo que significa diabetes (liberen las risas enlatadas), pero definitivamente a “BAE” no le afecta ni poquito.