He decidido dejar de relacionarme con humanos y cultivar un profundo aprecio por las plantas. No es ciertooooo, pero sí.

Pasmada frente al teclado, mirándome las uñas, sin saber por donde comenzar este post, porque no quiero que suene a la lista sin fin de quejas con las que he tenido que lidiar y que me han obligado a apechugar en los tres últimos años.

Después de haber terminado con esa terrible relación tóxica en la que él me celaba hasta de la mosca que se postraba en la composta a 20 metros de distancia de mí, porque sus complejos no lo dejaban ni a sol ni a sombra, y mi ingenuidad me hacia alimentar la esperanza de que con mi amor él cambiaría… y en cambio lo que terminó haciendo fue “engañarme” con una chavita más inocente que yo (y a quien le deseo mucha suerte por cierto, básicamente porque la va a necesitar), jamás imaginé que mi siguiente movimiento me llevaría a relacionarme con hombres con características igualmente dañinas que la anterior.

En un plano general, describiré a continuación algunos rasgos de personalidad de estos caballeros, procurando su anonimato (no por temor a herir susceptibilidades, sino  que sería más valiente de mi parte decirles todo esto de frente).

1. El todas mías. 

Pros: Este personaje es encantador, con aires de rockstar y artista plástico, mantiene largas conversaciones en las que invariablemente te provoca carcajadas. Se relaciona con la crema y nata de lo esnob y huele delicioso.

Contras: Eso que tiene contigo, lo tiene con un par de chicas más.

2. El seamos amigos.

Pros: Se interesa por ti, te hace sentir comprendida, busca mantener actividades de interés común. Te mira con ojos de corazones (o sea, algo así como si estuviera viendo a Natalie Portman), conoce tus fuerzas y debilidades y saca lo mejor de ti, como lo hace un mejor amigo.

Contras: Eso que tiene contigo, no lo toma en serio porque lo quisiera tener con un par de mejores amigas más. 

3. El te busco cuando me aburro. 

Pros: Les gusta la misma música, tienen temas de interés común, cultiva cuadritos en su área abdominal, es súper fuerte sin caer en los anabólicos, tiene la piel más suave que tu sobrino, tiene la voz más sexy del condado, con acento del norte de la república, y también huele delicioso.

Contras: Es un poco mentiroso, te busca una vez al mes, básicamente porque eso que tienen, sólo lo tiene contigo, pero le gusta retosar con otras chicas.

4. El hay que vernos.

Pros: Todo podría ser perfecto y maravilloso, sólo que…

Contras: Básicamente, mantienen una relación virtual, a través de redes sociales.

¡¿Quien tiene la culpa?!…¡¿Quien?!… ¿Qué se puede hacer?, ¡¿Qué?!…

Encuentra las respuestas en mi próxima radionovela ¿Quien se ha robado el mes de abril?, también podrás descargar una guía para evitar el ghosting y saber responder ante la crisis de “me dejó en visto”.

Una vez que pude pasar estas páginas en el libro de mi vida, permítanme decirles, jóvenes lectores, hombres, caballeros ¡NO SEAN ASÍ!


Algo tiene el sonido de Zoé, que desde la primera vez que los escuché en la película de Fernando Sariñana, “Amarte Duele”, mi corazón atómico se estremece sufriendo espasmos de melancolía y dicha a la vez provocados por su sonido futurista invitándome a viajar en un asteroide por la vía láctea.
Desde entonces y hasta hoy han sido amados por muchos y odiados por otros. Yo por supuesto, pertenezco a los primeros, y es que logran sumergirme en un mundo de fantasía virtual futurista donde el amor sigue siendo el motor y la principal fuente de inspiración (#nerd).
Hoy lanzaron su trabajo más reciente bajo el título “Azul”  y aunque no soy experta en música, puesto que no tengo estudios en el tema y sólo me dejo llevar por lo que mis oídos pueden percibir,  me doy cuenta de lo que proponen esta vez; nuevamente escuchamos música fiel a su esencia pero en la que se hace evidente un trabajo de desarrollo y madurez.
Azul es parte del sexto álbum de estudio de la banda. Compuesta por Leon Miamor Larregui, con arreglos de Zoé y una producción colaborativa con el reconocido productor Craig Silvey, quién ha trabajado con bandas como, Arctic Monkeys, Arcade Fire, Noel Gallagher, Florence + the Machine y Stereophonics, entre muchos otros.
La canción nos lleva a contactar con la melancolía y el desamor que se experimenta en una relación ya marchita, y lo que sucede cuando una parte de ese romance permanece latente en uno de sus miembros, mientras que la otra parte continua con su vida y encuentra un nuevo comienzo al lado de alguien más.
  
Por su parte, el video que ilustra este track se centra en una historia de amor en una Ciudad de México establecida dentro de un futuro conformado por una sociedad ficticia de humanos y robots.
No puedo pasar por alto la participación de Kyomi, la chica Japo-mexicana más linda que conozco y de quien pronto escribiré en una próxima publicación.


Qué cansado debe ser buscar la originalidad todo el tiempo, en primera porque es imposible y en segunda porque (me quedo varios minutos manteniendo una conversación interna)…

…pues porque me imagino que buscamos lo que no encontramos en nosotros mismos. Entonces concluyo que la “originalidad” es un algo que también se estudia y se trabaja.
Todos somos una copia y todos somos únicos e irrepetibles a la vez.
A veces cuando pienso que ya he visto todo, prendo mi teléfono y se me olvida, porque internet nuuuunca deja de sorprenderme.

Obviamente decir internet, es hablar de todos nosotros como un común sustantivo denominador que nos unifica en una sociedad virtual llena de ingenio y creatividad, que generalmente aprovecha lo que ya existe o las ideas de alguien más para copiarlas fielmente o reinventarlas y enriquecerlas a la vez, y no sólo eso,  sino hacerlas de dominio público.
Es una gozada vivir en esta era y poder ser testigo de aquellas ocurrencias que nos sacan lágrimas de risa y de tristeza a la vez. Podría decir, sin ningún reparo que remezclar es el arte del pueblo.
Personalmente solía colocar en una enorme tela de juicio a aquellas personas que se tomaban la libertad de fusilarse las ideas ajenas, hasta que un día me di cuenta que todos formamos parte de ese gran lienzo, puesto que todo es una copia, todo es un remix y nada de lo que existe hubiera sucedido sin el trabajo previo que alguien más realizó.

Hay copias que resultan fieles al original y el impacto es muy distinto a la sorpresa que genera una copia corregida y aumentada como ocurre cuando un artista nos sorprende con su arte. Y es que, a diferencia de lo que la mayoría podría pensar,  tener idea de lo que ya se ha hecho, conocer la obra de lo que otras personas han propuesto a lo largo de la historia, no nos limita, sino abre nuestros marcos de referencia, como es el caso de las películas de Tarantino, a quien menciono con temor gracias a la nota que ha estado circulando en relación a Uma Thurman, y quien recreó películas de Michael Curtiz ya sea como un homenaje o un plagio; o  la música del grandioso Bob Dylan, quien remasterizó en su música los poemas de William Blake;  o las pinturas del genio Antoon Van Dyck, quien no hubiera sido nadie sin su gran mentor Rubens; y así podría seguir mencionando a varios más.


Sin irme más lejos, Nelly Flor, o sea su servidora, quien no escribiría y tendría este blog, sin la inspiración de Leandra Medine, realmente no miento cuando digo que quiero ser la versión chafa de alguien más, porque mi gurú es tan lo más, que me conformo con lograr ser su copia no tan fiel. Mi psicóloga me diría que si lo que admiro de ella (Leandra) no existiera ya en mi, no estaría en mi marco de referencia, por lo tanto no la admiraría. Este es un planteamiento existencial y filosófico, como lo es el del huevo y la gallina. Es pregunta.
Hacía mucho tiempo que no me sentaba a escribir con el fin de dedicarle mis letras a esa bella parte de la humanidad cuyo genero denominamos y determinamos bajo el sustantivo masculino, y es que además de que la mayoría de mis lectores son del sexo contrario, desarrollo con mayor fluidez temas de interés para mis colegas mujer.
Sin embargo, hoy decidí hacerlo diferente, de manera que estoy colocando la punta de uno de mis pies afuera de los señalamientos de mi zona de confort con los riesgos expuestos y las esperanzas dispuestas para que usted, joven, señor, caballero, también sea blanco de este blog, para lo que intentaré, espero… con éxito, captar su atención.

Nací bendita entre grandes hombres como mi papá, mis abuelos, mis tíos, mis primos y mi súper hermano, por lo que sé bien que realmente a ustedes les gusta la moda tanto o más que a nosotras puesto que me consta que utilizan productos de belleza igual o más que muchas de nosotras; y ni hablar de las veces que alguna obra de arte en cualquiera de sus expresiones, ocasionalmente les ha impactado emocionalmente obligándolos a contener el llanto como a nosotras; o perder noción del tiempo en profundas y trascendentes conversaciones entre amigos discutiendo de autos y deportes, alterándoles la frecuencia cardiaca tanto como a nosotras (obviamente estoy intentando ser hilarante con esto último), entre otras cosas, pareciera que también existen pruebas de algunos vestigios de humanidad dentro de ustedes… como en nosotras.

El motivo de la ambigüedad con la que hago mención de los varones, es dejar en evidencia las infinitas ocasiones en las que damos por hecho que por haber nacido con el sexo al descubierto, sus acciones y reacciones, gustos y devociones deberían de ser o no ser de tal o cual forma.

Por eso me gusta un montón existir en esta era, porque la revolución sexual en el mundo de la moda está jalando parejo. Con toda sinceridad, no tengo ni la mínima intención de emitir comentarios y juicios positivos pero mucho menos negativos acerca de las controversiales pasarelas en las que algunas marcas como Dolce & Gabbana, Balenciaga, Alexander McQueen, Comme des Garçon, Acne Studios, entre algunas otras, han tenido el buen tino de presentarnos en sus colecciones, invariablemente, elementos sorpresa.

Pareciera entonces que los directores creativos ya no sólo tuvieran la gran misión de diseñar prendas increíbles sino también contarnos historias donde el gran atractivo deja de ser simplemente el hecho de que aparezca ese joven caballerito quien se hace bien llamar “Pretty Boy”, o algunas otras celebridades que levantan olas de polémica, o modelos andróginos con apariencia alienígena, como extraídos del futuro con peinados despeinados y vestidos con prendas de talla extra como de los años ochenta, sino que además tienen un buen producto y crean todo un ambiente a su alrededor, provocando sensaciones que se trasladan en el mismo, sembrando en lo más profundo de la mente de sus consumidores la semilla del deseo por adquirirlo, haciéndolos sentir merecedores de  ese “NO SE QUÉ” que la marca les otorga.


Todo lo anterior, no es de ninguna manera una declaración de protesta, realmente no juzgo a nadie cuando los sorprendo con una pieza de lujo, porque con toda sinceridad creo que deja de ser una elección superficial cuando en sí es un acto meditado que atiende a una necesidad de poseer arte más que estatus.

La pregunta es, a usted mi amigo, ¿qué lo mueve?

En mi afán infantil por clasificar el mundo que habito, en lo que a amor por la moda se refiere puedo decir que existimos tres grupos de personas: el grupo Alpha, que sabemos que la moda es nuestra y nosotros de ella en cuerpo y alma; el grupo Beta, a quienes la moda nos enloquece pero fingimos mantener un poco de cordura; y finalmente los Sigma, que les gusta verse bien, pero no es para tanto (yo por supuesto, no pertenezco a éste, es un destino que sólo visito de vez en cuando).

Gracias al ataque de nostalgia que de un tiempo a la fecha nos dio, comenzamos a reproducir la moda de los años 90. Esos años que realmente fueron maravillosos, porque contábamos con importantes íconos como Lady Di, Cindy Crowford, Claudia Schiffer, Kate Moss, Milla Jovovich, Drew Barrymore, entre varias otras mujeres que marcaron tendencia, utilizando labiales obscuros, jeans a la cintura, choquers, ombligueras, boinas y diademas, por mencionar sólo algunas prendas básicas, mismas que hoy en día vuelven a ponerse de moda.


Con un poco de suerte y desequilibrio emocional, nuestro trastorno de acumuladoras profesionales nos podría ayudar a aún ser dueñas y señoras de esas piezas únicas, localizadas muy probablemente en algún recóndito recoveco de nuestros armarios (de nosotras o de nuestras mamás), reutilizando y reciclando así, cosas padrísimas y colocándonos en el grupo Alpha (que es al que yo pertenezco, por supuesto). O de lo contrario, tendríamos que emprender una excursión en la búsqueda de tiendas de ropa vintage donde esas reliquias, nos podrían costar un ojo de la cara, invitándonos a ser del grupo Beta (al que también pertenezco); o ya de plano, sólo nos quedaría recurrir a la búsqueda de copias chafas en algunas tiendas de ropa chatarra, lo que de inmediato nos ubicaría, a mi parecer, en el grupo Sigma.


Por otro lado, tengo que confesar que en mis recuerdos de infancia, son contadas las ocasiones en las que aparece mi mamá llevando a cabo esa ardua labor de peinarme, actividad que le demandaba sumo esmero, porque ese no era su fuerte en la tarea de ser madre, chofer, maestra, chef, lavandera, costurera, esposa, ama de casa, hija, hermana… mujer.
Desde entonces puedo presumir que tengo una basta colección de diademas, pues fueron mis grandes aliadas, sacándome infinitas veces de apuros, sobretodo porque en mi escuela, ir bien peinada era un requisito fundamental, ya que a las monjas les parecía primordial que desde pequeñas aprendiéramos la importancia de tener siempre una buena imagen.
Y pues estoy feliz de saber que vuelve la fiebre de las diademas como en los años 90, cuando yo era básicamente una cabra loca con una extensa colección de diademas y que aún conservo.

No hay nada más alejado de nuestra realidad como la semana de la moda de Mercedez Benz México, y no es una situación que haya comenzado apenas ahora, en realidad desde que era simplemente fashion week; inclusive también sucedía con su competencia, IDM.
Recuerdo que cuando recién entré a la universidad, para mi era como lo máximo adentrarme en el mundo de la moda, como si fuera lo más fancy de lo fancy convivir y mezclarme con la crema y nata del medio, como si estuviéramos hablando de la semana de la moda de Milán o de Paris, y no por demeritar a mi país, al contrario, lo que critico es justo el hecho de que siempre ha sido, es y será (espero no) una copia chafita de lo que se hace en otros países con mayor reconocimiento en el tema.
Después de que paulatinamente fuera perdiendo el encanto y cada vez más, comencé a des afanarme de ese medio, porque no paraba de decepcionarme entre otras cosas que  la mayoría de las personas que asisten y que producen esos eventos se creyeran de otro nivel sólo por estar ahí, también me chocaba ver a modelos en los huesos, como si eso fuera sano. Es importante para mi detenerme en este punto y enfatizar que, por muy trillado y cursi que suene, odio con odio jarocho, que se continúe vinculando estrechamente a la moda con la anorexia y otros tipos de desordenes alimenticios por seguir atendiendo a malditos parámetros de “belleza”que nada tienen que ver con las mujeres y hombres de mi país.

Si bien somos el resultado de una gran mezcla de razas, la verdad es que en la semana de la moda en México, se ven sobretodo modelos, hombres y mujeres, argentinos, brasileños y uno que otro europeo, pero mexicanos de aspecto indígena, bajitos, de estructura ósea ancha, de piel morena o apiñonada, no he visto ni a uno solo. No digo que así seamos TODOS los mexicanos, yo por ejemplo, no, todo lo contrario, pero reconozco que en ellos también está la riqueza cultural de mi país.

Aún a veces, cuando mis amigos me invitan, hay una parte de su trabajo que me llena de orgullo, sin embargo, siempre también termino irritada reflexionando acerca de por qué chinitas, en la mayoría de sus desfiles sigo viendo a modelos altos, rubios y esbeltos con acentos de otras regiones de Latinoamérica, si en mi México hay gente igual o más bella.



Foto : Victor Barragán

Texto : Maxime Retailleau
En México, los jóvenes creadores revolucionan la moda, aceptando su patrimonio cultural latino, mismo que reinventan a través de colecciones de vanguardia aclamadas en el extranjero.

En 2016 se lanzó al diseñador mexicano Victor Barragán en el fashion week de Nueva York, donde presentó su nueva línea de ropa en colaboración con MADE, una organización que da a conocer a los nuevos talentos de la moda. Su colección unisex primavera-verano 2017 fue memorable para los críticos de moda, para quienes representa parte de la nueva ola de creadores mexicanos, después de haberse instalado recientemente en Brooklyn.

A pesar de haber emigrado, el autodidacta de 25 años, permanece cerca de la vanguardia artística de su país natal, que lo sigue inspirando. Colabora constantemente con el sello discográfico de música electrónica NAAFI  (« No Ambition And Fuck-all Interest »), quien produce los soundtracks  con los que musicaliza sus desfiles así como también, las sesiones en las que recluta a sus modelos.


Fotos : Victor Barragán, colección primavera-verano 2017

Un colectivo en México, reunió a un grupo de jóvenes diseñadores, los más novatos, para que le echaran la mano a Barbara Sanchez-Kane para su último show. Esta diseñadora reinventa el folklore nacional a través de su ropa, desde la colección con la que se graduó del Colegio Florentine Polimoda, explotando algunos símbolos de la cultura popular mexicana, como los típicos códigos de vestimenta de los luchadores y sus máscaras.


Fotos : Sanchez-Kane, colección « Citizen », primavera-verano 2017

Desde que consolidó su marca en 2015,  VFiles (una plataforma que apoya a los creadores emergentes) la contactó y la invitó a desfilar en Nueva York, donde tuvo a bien criticar a Trump a través de su colección (« Alternative Facts », « Moral Pride »), por haber declarado que los mexicanos que llegan a los Estados Unidos son violadores y personas mal intencionadas, y eso la incluía a ella.


La diseñadora está instalada en Mérida desde hace dos años, lejos de la CDMX, pues es aislada que trabaja y reinventa mejor el « caos emocional » con el que diseña sus prendas.

A pesar de la distancia, conoce bien a otros creadores de su generación como al talentoso Roberto Sanchez con sus colecciones ligeras y coloridas, inspiradas en los looks de sus amigos y gente cercana a él. Este diseñador se impone también como una de las grandes figuras de la vanguardia mexicana. Desde hace una década posteaba sus diseños en Tumblr e Instagram y también logró presentarse en  fashion weeks de México y Nueva York.  Actualmente sus piezas se venden en muchas boutiques de varios países como Australia y Japón.

Se dice que México es el nuevo Berlín.

La nueva escena mexica, cuenta con diseñadores de ropa urbana como Andrés Jiménez de la marca Mancandy, quien cierra sus desfiles con partes de canciones de reggaetón escritas para la ocasión. Juega con los materiales de confección, lo que ha seducido a algunas famosas como Iggy Azalea o Bibi Bourelly. También podemos tomar en cuenta a su colega Esteban Tamayo que creó “Ready to Die” en 2015, una marca para la vida cotidiana; uniformes escolares y la contra cultura.  Esta pareja tiene un toque retro-futurista que plasman en playeras estampadas y en lentes de sol con los diseños radicales.

Para el look book de su ultima colección, Tamayo buscó a María Osado, una joven de 19 años que dirige su propia agencia de modelos “Güerx” y colabora con la mayoría de los nuevos diseñadores mexicanos, con quienes comparte su visión iconoclasta. “Buscamos cuestionar el contexto rígido que aun predomina en México. En general, los diseñadores ya consolidados, son felices haciendo lo mismo que han hecho y que les ha funcionado durante años, copiando los estándares de belleza occidental y contratando a modelos con un aire europeo”, aclaró. María Osado fundó Güerx para proponer nuevas caras, de origen latino, la mayoría. Castea en la calle o entre sus amigos artistas. Lucha contra el horrible malinchismo.


Fotos : Ready to Die. Casting : Maria Osado.

Gracias a la estética innovadora y a la riqueza cultural que los inspira, los diseñadores han logrado brillar internacionalmente, abriéndose paso a la contra corriente de la competencia formada por grandes firmas.


México es el segundo país de Latinoamérica en términos de PIB (producto interno bruto) con la mayor cantidad de boutiques Prada, Gucci, Saint Laurent e incluso Louis Vuitton. Las marcas de prêt-à-porter no se quedan atrás, como H&M, que abrió la primer tienda en 2012, el mismo año en que Enrique Peña Nieto entró al poder. En los últimos dos años, la marca sueca ha abierto cada vez más tiendas, al igual que Zara y Forever21.

Es por ese espíritu malinchista que los diseñadores mexicanos venden la mayoría de sus prendas en el extranjero por internet, y que la minoría tienen el privilegio de ofrecer sus productos. Los creadores de vanguardia son sostenidos por un pequeño ecosistema que gravita entre La Roma y el Centro Histórico, apoyado por NAAFI y por la Revista 192 donde se publican piezas de Barbara Sanchez-Kane, Victor Barragán y  Roberto Sánchez. Son todos estos jóvenes creativos quienes promueven el dinamismo cultural de la ciudad. “México es el nuevo Berlín, porque muchos artistas extranjeros vienen y comienzan a vivir”, comenta Barbara Sanchez-Kane. Su vida cultural está en plena ebullición, y todo parece que la escena emergente está revolucionando al país, apuntando al cambio.
Recuerdo días muy felices que viví el año pasado al lado de un ser humano mágico musical a quien para fines prácticos llamaré Charly, y este es el relato de uno de esos días, que más bien, fue noche.

Lo repaso con perfectos detalles tal vez poco relevantes; era martes, lo sé con certeza, porque los miércoles eran los días en los que yo iba a clase presencial en la universidad donde estoy cursando mi segunda carrera, y tenía mucho por leer y ensayos por escribir, tareas que pasaron a segundo plano en cuanto mi teléfono comenzó a vibrar con el nombre de Charly en la pantalla; sin chistar contesté y accedí a su propuesta, esa de ir súper cerca de mi casa, en el centro histórico, a un lugar que hacía varios años no visitaba, donde se escuchan bandas y dj’s, y donde se presentaría su mejor amiga.

Cuando entramos, aún estaba en el escenario una chica que parecía contar con la profunda admiración de la mayoría de los ahí presentes, pero que personalmente en la vida había visto ni escuchado nada de su arte. No pasó mucho tiempo antes de cacharme a mi misma sumándome al equipo de groupies y pidiéndole a Charly algunas referencias para buscarla después.

Ese “después” nunca llegó, hasta ayer que youtube me sugirió ver el video que acaba de estrenar y entonces recordé enseguida quien era y hoy decidí escribir todo esto porque realmente es perfecta candidata para aparecer en mi blog, porque además de la música y sus canciones lindas, tiene todo el estilo anti fashionista de Latinoamérica.
Es todo su arte, un ir y venir entre lo pasado y lo futuro, con características que poco corresponden a los estándares comerciales de belleza y que más bien parece una chica que desafía las leyes cuánticas del tiempo y el espacio, como salida de una revista de moda de tu madre o bien, de tu nieta (la que todavía no nace).

Y pues aunque la música no es un tema que yo súper domine, puedo jurar y escupir que es una gran propuesta, empezando porque no es reggaeton y tampoco es cursi pop (que de paso aclaro, ambos me encantan, pero ya chole, hay mucho más que oír), pero igual te invita a sacudir los hombritos mientras pasa el tiempo en tu casa, el taller o la oficina.


Fotografía: Juan Pablo Carrillo.

Decidí colgar en el perchero de la entrada el kimono negro y flores grandes que me regaló mi amiga Regina el día de mi cumpleaños, y así restarle angustia a la diaria decisión de “no sé qué ponerme”.

Ir por la vida con una playera básica, kimono y jeans, kimono y falda o kimono y shorts, ha sido en parte la manera en la que me he rebelado en contra de mis ganas de vestirme distinto todos los días para evitar repetir atuendo, porque muy a mi pesar, yo también solía formar parte de esa gran media de la población que percibe eso como un delito y gravísimo atentado en contra de “La Policía de la Moda”.

No sé bien si es coincidencia que sea últimamente un kimono mi uniforme casual, por el simple hecho de ser una prenda oriental y también un regalo de alguien muy especial en mi vida, lo que sin duda la hace ir muy ad hoc con mis ideas y deseos de alcanzar una vida más auténtica y alegre, en la que me permito fluir con los ritmos de la naturaleza, libre de etiquetas y restándole ansiedad provocada por el consumismo e ideas bobas relacionadas con el “deber ser” y el “deber hacer”.





Esta horrible idea nos la metió en el tuétano el sistema capitalista que nos obliga a consumir, porque si no consumimos no somos nada.
Y si bien, en el siglo XVIII era una buena idea proponerlo para analizar una tendencia social, dudo mucho que Adam Smith se haya imaginado que estaba bautizando un estilo de vida, que conformaría la forma de sentir y de pensar de la mayoría de los seres humanos en el mundo, y no sólo un concepto para nombrar un análisis de “La Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones”.

Ya lo veía venir el profeta-vidente Karl Marx y nos atrevimos a poner en tela de juicio todas sus predicciones acerca de cómo el dinero nos dominaría, pero hoy en día y desde hace varias décadas atrás, es una realidad. Nos regimos bajo la lucha de clases, el tiempo de trabajo socialmente necesario rebasa estándares de justicia, hemos devaluado por completo el uso de las cosas, pues ahora todo es desechable, y el comunismo es para la mayoría de nosotros, una utopía.
Todo este rollo es mi manera de despertar en ti, que consumes moda, cuestionamientos acerca de tus motivos, como por ejemplo, ¿para qué lo haces?, ¿cuál es el verdadero interés? y ¿qué pasa si comienzas a resistirte a seguir consumiendo?

Muy a pesar de lo que algunas mujeres gurús de la moda pudieran pensar, de verdad no pasa nada si un día llegas a una reunión con la misma ropa que traías puesta la última vez que los viste, o la vez anterior a esa última vez, ¿me explico?…
Es en la medida en la que dejemos de consumir productos chatarra, sólo por estatus más que por verdadera necesidad,  que nuestros empleos y derechos humanos comenzaran a repararse, a ser más justos y mejor remunerados. También es importante para mi, señalar que las horribles condiciones laborales bajo las que trabajan familias enteras en todo el mundo no son ficción sino una muy gacha realidad. 

Dime soñadora, ilusa, optimista o como quieras, pero realmente creo que el efecto de la oferta y la demanda, lo podríamos revertir y no sólo de manera local, sino mundial, aunque sea como un proyecto a largo plazo.