Desde el ataque de las nuevas tecnologías a lo que conocíamos hasta entonces como juegos socialmente aceptados, permitidos y jugados, no solo por niños sino por nosotros también, las cosas han cambiado radical y completamente, y me he detenido en seco a analizar la situación con ojos objetivos y poner las cosas en la balanza, de manera que he llegado a sentir ataques de pánico de sólo pensar que “Black Mirror” nos alcance, y peor aún, que la realidad supere a la ficción en la generación de mi ser humano favorito, que es mi sobrino… o en la generación de mis futuros hijos con Trento De La Reguera.
Entonces una vez más hablo de mí y de mi tal vez bobo e inocente afán por hacer la diferencia y aportar un granititito de arena con un proyecto categórico (al menos así lo considero yo) para alejar aunque sea por un momento el fin de semana a los pequeños de sus i-pads y i-phones, enseñándoles a usar las manitas para recortar, pegar y pintar cosas que además pueden usar, porque disfrazarse tuvo, tiene y tendrá, ayer, hoy y mañana, tooooda la onda.
He descubierto, porque lo he podido comprobar, todo el poder que tiene sobre un miniser humano, aprender a hacer cosas  con su propio estilo, que además sean aprobados, valorados y muy aplaudidos de la manera más genuina y sensata, por mi, sí, pero sobretodo por sus padres.
Escribo este post para que volvamos a los básicos

a manera de pliego petitorio, sobretodo si eres padre, tío, primo o hermano mayor:

El regalo más grande que le puedes dar a un niño (a un ser humano en general) es tu tiempo. Completo, cálido y de calidad, sin aparatos electrónicos en las manos.
El segundo regalo más grande, es enseñarle a hacer cosas por sí mismo; como mi abuela, por ejemplo, que me enseñó a coser en su súper máquina Singer a los 5 años de edad, determinando mi destino(le doy gracias todos los días, donde quiera que esté).
El tercero, es toda, completa y total aprobación, y de ser posible apoyo, para que todos los días de su vida, pueda hacer mucho de lo que más le gusta.
Y finalmente, el cuarto regalo que puedes darle, es una dosis de carcajadas provocadas o qué mejor, involuntarias. Eso es más poderoso que las vitaminas alópatas.

¿Se te ocurre un quinto?
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