Los cyborg también sabemos querer. Capítulo final.

¿Recuerdas aquella película de ciencia ficción de principios de siglo, que nos contaba una historia muuuuy parecida a Pinocho; pero en este caso se llamaba David, el primer niño robot que a diferencia del resto de las máquinas, podía amar, en un momento en el que los recursos de la naturaleza son escasos, pero la tecnología avanza a pasos agigantados (cada día más cercana a la realidad actual)?

Bueno, en esta peli se supone que un trabajador de Cybertronics Manufacturing, adopta a David de forma momentánea para estudiar su comportamiento. Tanto él como su esposa acaban por tratarlo como a su propio hijo biológico.

A pesar del cariño, David siente la necesidad de escapar de su hogar e iniciar un viaje que le ayude a descubrir a quién pertenece realmente. Ante sus ojos, se abre un nuevo mundo oscuro, injusto, violento, insensible (cada día más cercana a la realidad actual) … algo que le resultará difícil aceptar. Mil preguntas rondan su cerebro metálico, como el hecho de ¿cómo es posible que sienta algo tan real como el amor y que él sea artificial?
Bueno, pues si bien los cyborgs no somos ni siquiera la mitad de una maquina, no por el hecho de tener muchísimo apoyo de la tecnología, dejamos de vivir nuestra condición como cualquier otra personita que la maneja con cualquier otro tipo de terapia.

Para este último capítulo de Mi Manual de Cyborg, quiero hablar de lo que, en mi experiencia personal y laboral, he confirmado, es un elemento base en cualquier tratamiento: Inteligencia Emocional.

Estoy atravesando por un momento en el que no sólo me cuestiono los “para qués” de la vida que surgen como respuesta de aquellos acontecimientos que me han impactado, sino que además he comenzado a darle demasiado valor a las emociones que provocan en mi cuerpo antes de pasarlas al área del razonamiento. Dicha actividad no ha surgido de la nada; me doy cuenta que ha sido parte del proceso de autoconocimiento que comencé cuando me descubrí una joven de 25 años de edad, vulnerable y muy mortal, a causa de una condición física llamada “Diabetes”, que a partir de entonces y por el resto de mis días, exigiría toda mi atención y cuidados para evitar futuras complicaciones relacionadas con mi salud física y que por añadidura, los cambios en mi estilo de vida comenzarían a provocar transformaciones en los más recónditos recovecos de mi mente y mi espíritu.
A once años de eso, así como me llevó varios años también que mi cuerpo registrara e hiciera evidente el trabajo constante, logrando como resultado que alguno que otro músculo de mis brazos, espalda, abdomen y muslos se marcara; así también apenas comienzo a darme cuenta que nunca había aprendido a comunicarme asertivamente, por lo que muy probablemente mi cuerpo comenzó a expresarse por mí.

Soy muy consiente, aún, de todas las situaciones internas y externas que sucedían en mi vida en ese momento, y que probablemente fueron en conjunto, lo que hizo a mi cuerpo manifestar sus desacuerdos, por ejemplo:

Las cuestiones relacionas con mi salud física:
No dormía ni 6 horas.
No comía ni 3 veces al día.
No me ejercitaba ni 20 minutos a la semana.
No tomaba agüita.

Las cuestiones relacionadas con mi salud emocional:

Sentía constantemente la necesidad de tener que defenderme de una jefe con características sociópatas (realmente no exagero) y no saber cómo (porque lo más fácil hubiera sido renunciar el día uno que me sobajó, pero era joven, y mi primer trabajo, no sabía que eso se valía).

Tenía ganas de llorar y hacerme bolita todo el tiempo porque me faltaba mi exnovio, con quien había durado 7 años y quien recién se había mudado a otro continente.
Vivía estresada y con el Santo Niño de Atocha en la boca por la sobrecarga laboral.
Extrañaba ver a mi familia, amigos y terapeuta, porque trabajaba inclusive fines de semana. O sea, TODO MAL.

Lo aprendido.

Si bien recibir la noticia de que se tiene diabetes es el comienzo de una etapa de duelo, que cada quien vivirá el tiempo que lo necesite, porque OJO, nadie, ni siquiera yo, o alguna otra persona con diabetes (u otra condición), está en tus zapatos. Una vez superada ésta, iniciará la siguiente fase, en la que se experimenta aceptación y aprecio por la vida, y esto no significa que jamás volveremos a entristecernos o que nos instalaremos para siempre en un oasis de dicha y felicidad. Es necesario ser conscientes de que la vida es bella… y es cambio, y los cambios son lo único permanente en ella.

La vida es bella, al igual que tú.

No pierdas de vista jamás que eres sumamente perfecto y que manifestar “fallas” no atiende a nada más y nada menos que a tu increíble perfección, pues es tu cuerpo solicitando atención y cuidado, y en vez de enojarte con él, debes amarlo con todas tus fuerzas más que nunca.


Júntate con personas que se amen a sí mismas y que te amen a ti también.
Tu red de apoyo es fundamental para cambiar el significado de lo que te sucede. Las personas sanas y exitosas, se tratan bien a ellas mismas y a los demás; vibran en otro nivel energético, y son con quienes debes relacionarte para poder ver las cosas desde otra perspectiva.
Los cambios no ocurrirán de la noche a la mañana, y no será fácil, porque los cambios exigen romper con nuestras resistencias, y eso duele; pero es el principio de la evolución, y la evolución es nuestra naturaleza.
Termino este post puntualizando que las situaciones que nos toca enfrentar son muy nuestras; sólo nuestras, y que no son mayores o menores comparadas con las situaciones de alguien más, y que el hecho de que alguien más la podría estar pasando peor o mejor que tú, no demerita que tú la estés pasando también muy mal o muy bien. Lo que quiero decir, es que es necesario que comencemos a validar lo que nos pasó, pasa, pasará, empezando por nosotros mismos.
Quiero agradecerle a Paola, mi terapeuta, porque me ha ayudado a descubrir y a describir con palabras, esto que hoy te comparto.
También agradezco a mi familia Medtronic por motivarme a compartir estas letras con ustedes, y por formar parte de mi evolución… creo que de alguna u otra forma, en todos los que elegimos la terapia con bomba de insulina, y quienes vivimos con alguna u otra condición física, nos convertimos en personas con un fuerte sentido de vida que se potencializa al ser abrazados y apoyados por una increíble comunidad.
Finalmente gracias a ti, por leerme, porque me permites acompañarte en tu proceso y así, sin saberlo, me acompañas a mí también.