Fotografía: Juan Pablo Carrillo


Para hacerla de fashion blogger no sólo tengo que hangearen mis tienditas padres de la delegación Cuauhtémoc, también puedo de vez en cuando hurtar temporalmente y con permiso de mis tías, el closet de mi abuela, aunque en esta ocasión no fue necesario porque sin pedirlo, ellas me regalaron esta hermosa blusa china, de seda china y bordado fino chino del siglo pasado, que mi abuela hubiera estado rayada de ver aquí.


Igual puedo transformar mis prendas viejas, como esta chamarra de mezclilla que tuve a bien guardar de la ropa de mi hermana mayor, y cortarle las mangas para convertirla en un chaleco del estilo de @CARALOREN .

Sacar de mi closet la falda que hace más de un año no usaba justo porque es minifalda y para el frío no me sirve, pero es de lana y para el calor tampoco, pero me encanta por rara, y pues tengo que aceptar que es de cierta tienda gallega que empieza con “Z” y termina con “ara”, donde de vez en vez encuentro cosas no tan chafas, que subrayo, ese adjetivo es mi queja número uno.

Incluso tengo que admitir que hay veces que en Suburbia definitivamente encuentro ropa para la vida real, como estas mallas, que no son ni grises ni cafés, ni calurosas ni frescas, pero combinan con casi todo, y si a cierto perrito de cierto amigo le diera por saludarme con efusividad o de jugar conmigo y sin querer las llegara a romper, no me azotaría (tanto) porque no son carísimas de París.

También mis botas son dignas de presumir, porque definitivamente describen a detalle el significado de amor a primera vista. Recuerdo que llevaba años queriendo encontrar unas así, así, ni más ni menos, y fue en Coyo, en esa boutique a la que la mayoría nos vamos a perforar, e incluso ahora a arreglar el pelo, que las vi y ellas me veían a mí y supe que LAS NECESITABA. Mi amiga Paula Yañez quien me acompañaba, es testigo de nuestra historia de amor.

Y finalmente la bolsa, fue un increíble regalo de cumpleaños que uso solamente en ocasiones especiales, sobretodo porque le cabe CASI todo… pero ese CASI cobra demasiada importancia cuando padecemos del complejo de Poppins.

En fin, si siguiera en un trabajo Godín, seguramente así me vestiría una que otra vez.




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